A 60 fotogramas por segundo, cada imagen dura 16,7 milisegundos. En ese tiempo la tarjeta gráfica calcula el color de los 8.294.400 píxeles de una pantalla 4K. Pon a competir a una CPU de 8 núcleos contra una GPU de miles y mira quién llega.
Abrimos una tarjeta en 3D, entramos en el chip y seguimos un fotograma de principio a fin. Verlo en YouTube
La CPU tiene pocos núcleos, entre 8 y 16 en un ordenador de casa, y cada uno es muy listo: puede saltar de una tarea a otra y tomar decisiones en cada paso. Es lo que necesita casi todo lo que hace un ordenador: abrir programas, gestionar archivos, decidir qué viene después.
Dibujar una imagen es otro tipo de trabajo. El color de un píxel se calcula casi igual que el del píxel de al lado, millones de veces. No hace falta decidir nada, hace falta repetir. Por eso la GPU va al revés: miles de núcleos sencillos, cada uno con su trocito de pantalla, todos trabajando a la vez.
Miles de núcleos comen datos muy deprisa. Si tuvieran que pedírselos a la RAM del ordenador pasarían media vida esperando, así que la gráfica lleva su propia memoria pegada al chip, diseñada para mover datos a lo bestia.
Datos de referencia: DDR5-6000 en doble canal = 6.000 MT/s × 8 bytes × 2 canales. RTX 4090 con GDDR6X: 1.008 GB/s según NVIDIA.
Barras a la misma escala: ×10,5.
Por dentro, una red neuronal es sobre todo eso: multiplicar tablas de números y sumar. La misma operación repetida millones de veces, que es justo lo que mejor sabe hacer un ejército de núcleos.
Por eso las inteligencias artificiales se entrenan con miles de tarjetas gráficas trabajando juntas, y por eso las gráficas modernas traen núcleos especiales solo para estas multiplicaciones.
Pruébalo: toca cada casilla del resultado. Cada una se calcula sola, sin esperar a las demás, así que miles de núcleos podrían calcularlas todas a la vez.
Toca una casilla del resultado.